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I
LA MAÑANA
Por entre aquellos olivos,
muy cerca de mi lugar,
ya va empezando la fiesta;
¡Romería de San Juan!
Bajan los mozos corriendo,
descalzos no pueden más,
llevan al Santo en sus hombros
subido a su pedestal.
Huele a romero la calle,
el soto huele a azafrán.
Llegan contentas las mozas
ungidas de castidad
y visten con blancas telas
al santo que ya se va.
Toca en la plaza del pueblo
la gaitilla un buen zagal.
Bailan en corro las viejas,
aplaude la autoridad,
y un niño chico que llora
al santo le va a rezar.
Todos van para la iglesia
adornada de coral,
las mujeres van delante,
los hombres quedan detrás,
y aquellos que llegan tarde
se enfrentan al que dirán.
Y yo con mi traje nuevo
recuerdo la capital,
que mozo que tiene novia
no reza con las demás.
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II
LA TARDE
Despierta de siesta el pueblo,
sus calles visten de verde,
los mozos se van de ronda
entre palmas y laureles.
A romero y margaritas
sabe el agua de la fuente,
y en la ventanilla chica,
reventona de claveles,
prende el mozo su ramito
a la muchacha que quiere.
En la tarde, la alegría
rebosando va con creces,
y el olor a menta fina
sube la calle, y asciende,
y llega hasta las ventanas
y en la ilusión se detiene.
A la vieja balconada
salen la moza y su gente
y prenden ramos de hinojo,
y un pañuelo transparente,
para que el mozo lo vea
y sepa que si le quieren.
La alegría sabe a gloria,
la esperanza reverdece,
canta contento el romero,
y allá, tras las paredes,
en el reloj de la iglesia
acaban de dar las nueve.
Y yo con mi traje nuevo
solitario miro ausente,
que mozo que tiene novia
ni la olvida ni la miente.
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III
LA NOCHE
En el crepúsculo tibio
el pueblo queda desierto,
todo el mundo se recoge
como sumido en un sueño.
De una rama polvorienta
se desprende un corvo seco,
y un crujir de leña hueca,
preparada para el fuego,
en el fondo de la pira
se aletarga en el silencio.
En la cuesta cae la sombra
remozada en el romero
y los donjuanes florecen
al darles el aire un beso.
Los pétalos de los lirios
exhalan su aroma fresco.
y en lo profundo del bosque
la noche pinta el misterio,
y allá, entre los faroles
van encendiéndose fuegos.
Mágica emerge la noche
en un paisaje grotesco.
Nace la música alegre,
ya se dibujan los cuerpos,
la pira ya tiene vida
y entrequemando sus huesos
cada tronco se deshace
en ascuas de rojo intenso.
Los tomillos y las flores
se queman con el incienso
y al céfiro se abalanzan
las chispas que emana el suelo.
Los mozos cruzan las brasas
descalzos por el sendero,
y van llenando la noche
de cantos y de requiebros.
Y yo con mi traje nuevo
acato honor y respeto,
que mozo que tiene novia
ganado ya tiene el cielo.
José Luis Muñoz 03 - 04 - 02
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