Te quiero más
que a mi vida
te quiero más que a mi muerte
más que al aire que respiro
y más que a la madre mía.
Que eres mi vida y mi muerte
te o juro compañero,
no debía de quererte,
y sin embargo te quiero.
Que se me paren los pulsos,
si te dejo de querer,
que las campañas me doblen
si te falto alguna vez.
A TU PUERTA
― A tu puerta estamos cuatro,
cuatro mozos a cantar;
si quieres que te cantemos,
licencia nos has de dar.
― Licencia de mí tenéis;
de mi padre no lo sé;
sigan ustedes cantando
que yo lo preguntaré.
Entró la niña en su cuarto
con muchísimo prior:
― Padre, ¿me da usted licencia
para que cante mi amor?
Salió la niña del cuarto
con muchísima alegría.
― Sigan ustedes cantando,
que ya la licencia es mía.