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Romance de Lanzarote
Nunca fuera caballero
de damas tan bien servido
como fuera Lanzarote
cuando de la Bretaña vino,
que dueñas curaban de él,
doncellas de su rocino.
Esa dueña Quintañona,
ésa le escanciaba el vino,
la linda reina Ginebra
se lo acostaba consigo,
y estando al mejor sabor,
que sueño no había dormido,
la reina toda turbada
un pleito ha conmovido:
-Lanzarote, Lanzarote,
si antes hubieras venido,
no hablara el orgulloso
las palabras que me ha dicho
que a pesar de vos, señor,
se acostaría conmigo.
Ya se arma Lanzarote,
de gran pesar conmovido,
despídese de su amiga,
pregunta por el camino.
Topó con el orgulloso,
debajo de un verde pino,
combátense las lanzas,
a las hachas han venido.
Ya desmaya el orgulloso,
ya cae en tierra tendido.
Córtale la cabeza
sin hacer ningún partido;
vuélvese para su amiga
donde fue bien recibido.
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Romance del Conde Arnaldos
¡Quién hubiese tal ventura
sobre las aguas de mar,
como hubo el Conde Arnaldos
la mañana de San Juan!
Con su falcón en la mano,
la caza iba a cazar.
Vio venir una galera
que a la tierra quiere llegar.
Las velas tría de seda,
la jarcia de un cendal;
marinero que la manda
diciendo viene a cantar
que la mar fazía en calma,
los vientos hace amainar,
los peces que andan n´el hondo
arriba los hace andar,
las aves que van volando
n´el mastel las faz posar.
Allí fabló el Conde Arnaldos,
bien oiréis lo que dirá:
-Por Dios te ruego, marinero,
dígasme ora esse cantar.
Respondióle el marinero,
tal respuesta le fue a dar:
-Yo no digo esta canción
sino a quien conmigo va.
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