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Romance del prisionero
Que por mayo era por mayo,
cuando hace la calor,
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a servir al amor,
sino yo, triste y cuitado
que vivo en esta prisión,
que ni sé cuándo es de día
ni cuando las noches son,
sino por una avezilla
que me canta al albor.
Matómela un ballestero,
déle Dios mal galardón.
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Romance del Conde Olinos
Mañanita, mañanita,
mañanita de San Juan,
fue a dar agua a su caballo
a las orillas del mar.
Mientras el caballo bebe,
empezó a cantar un cantar,
ni muy alto ni muy bajo,
que al cielo podía llegar;
los peces que nadan hondo,
los hacía sobreaguar,
las aves que van volando
se paraban a escuchar.
-No son ángeles del cielo,
ni serena de la mar,
es el condesito, madre,
que por mis amores va.
-Si es el condesito, hija,
yo lo mandaré matar.
-Si usted lo manda a matar,
mándeme a mi degollar.
Él muere por la mañana,
ella a horas de almorzar.
A él lo entierran en capilla
y a ella junto al altar.
De él se forma un naranjo
y de ella un rico naranjal;
crece uno, crece otro,
crecen los dos a un igual,
los gajitos que se alcanzan
se empezaban a abrazar.
La reina, desque lo supo,
los mandaría a cortar.
De él se forma una paloma,
de ella un rico palomar,
de allí levantaron vuelo
a las orillas del mar.
¡Dos amantes que se quieren
no se pueden olvidar!
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